Valle-Inclán: un genio del Modernismo al Esperpento


Ramón María del Valle-Inclán, una de las personalidades más marcadas de toda la historia de nuestra literatura (genio y figura) fue un hombre de teatro: quiso ser actor y llegó a actuar en alguna obra, pero sus aspiraciones se vieron frustradas cuando se quedó manco; su mujer fue una famosa actriz con la que se fue de gira por Hispanoamérica como director artísitco; pero sobre todo desde muy pronto escribió obras dialogadas (aunque algunas son difíciles de representar sobre un escenario) convirtiéndose en uno de los grandes renovadores del teatro español.
Porque el teatro de Valle es muy distinto de las obras tradicionales y convencionales que se representaban y triunfaban entonces sobre los escenarios. Y curiosamente, aunque en su momento no llegaron a tener éxito, posteriormente sí. Es decir, las obras de Valle han pervivido y se siguen representando continuamente, y el teatro que triunfaba entonces no consiguió sobrevivir más allá de su época y son obras mayoritariamente hoy olvidadas. Por algo será.

Como ya vimos también, entre el Modernismo y la Generación del 98 hay diferencias y semejanzas, es decir, rasgos que nos permiten diferenciar dos movimientos y rasgos que hacen difícil distinción, como el hecho de que hay escritores que podemos incluir en ambos movimientos. Y uno de estos escritores es, precisamente, Valle. Porque en su obra se pueden distinguir dos grandes etapas: una que lo acerca al Modernismo y otra que lo acerca a la Generación del 98.

1º Etapa: el Modernismo de las Sonatas.

Valle empezó escribiendo una prosa modernista, de tema y estilo esteticista, refinado, aristocrático, sensual y musical, cuya obra más representativa es el conjunto de las cuatro Sonatas (Sonata de Primavera, Sonata de Estío, Sonata de Otoño y Sontata de Invierno) publicadas entre 1902 y 1905, que fueron un gran éxito y llegaron a traducirse a varios idiomas.

En ellas, el marqués de Bradomín (que Valle describe como un "Don juan feo, católico y sentimental") recuerda y narra en primera persona sus aventuras amorosas en cuatro momentos distintos de su vida, siempre en un ambiente refinado, de aristocracia decadente (Valle procedía de una de estas familias nobles en decadencia, que conservaban el título pero cuya riqueza estaba muy menguada), sensualidad, galanteo y apasionamiento, que se describe y se evoca con todo detalle.

En estas novelas encontramos todas las características del Modernismo: esteticismo, reflejo de sensaciones de todo tipo, elementos lujosos, cosmopolitismo, culturalismo,  simbolismo, y recursos que embellecen y dan sonoridad al estilo, como aliteraciones, paralelismos, anáforas, metáforas, comparaciones, sinestesias, léxico llamativo con el uso de arcaísmos, cultismos,  extranjerimsos, abundancia de adjetivaciòn, etc.

Aquí podéis leer extractos del fragmento final de su Sonata de primavera.

2ª Etapa: a partir de 1920: el Esperpento.

A partir de 1920 en su obra se percibe un cambio (que se había ido anunciando poco a poco en algunas obras de los años anteriores) y de ese esteticismo que busca la belleza pasa casi al extremo opuesto: a presentar una realidad grotesca, fea, ridícula: un esperpento (´termino creado por Valle para definir su nueva estética)

El cambio se percibe ya en Divinas palabras (1920), obra de teatro que muestra una visión brutal del ambiente de la vida rural galllega de la época, con personajes que se mueven solo por sus instintos màs primarios, pero alcanza su plenitud en la que quízás sea su obra más famosa: Luces de Bohemia, también d 1920: Esta obra nos cuenta la última noche de Max Estrella, poeta bohemio, que pasa terribles penurias económicas (situación que Valle-Inclán conoció muy bien). Este poeta ciego es, irónicamente, el que más claramente ve la terrible realidad que le rodea, la de una España en crisis y decadencia material y moral, corrupta, inculta, soberbia, gobernada por fantoches que ejercen injustamente y en el propio beneficio el poder, donde los genios como Max se mueren de hambre, de frío, de olvido y de miseria.

 Y como muestra y representación de esa situación, nos muestra  el recorrido que hace Max acompañado de Don Latino de Hispalis (símbolo del carácter títpicamente español: aprovechado, vago, materialista, interesado, cobarde...) durante una noche por Madrid ( del que nos ofrece una serie de estampas grotescas: un ministerio, una taberna, una cárcel, una librería...) antes de morir al amanecer, en la más absoluta soledad, en la puerta de su casa. 

Y todo ello con la técnica que Valle denominó "esperpento" y que consiste en deformar la realidad para ofrecer su verdadera esencia: grotesca, absurda, ridícula, triste, pero no de una tristeza trágica, porque la tragedia es cosa de héroes y en España no hay héroes, solo hay fantoches que sólo pueden protagonizar una farsa que no es cómica sino triste y ridícula. Eso es el esperpento.

Valle pone en boca de Max Estrella su definición del esperpento, la única forma de reflejar fielemnte la grotesca situación de España: como si los héroes clásicos se pusieran delante de uno de esos espejos que alargar o abomban las figuras. Porque "España es una deformación grotesca de la civilización europea". Y para presentar esa realidad deforme, deformada, grotesca, utiliza toda una serie de recursos lingüísticos que son clave de su originalidad y su maestría: animalizaciones y cosificaciones (los personajes se nos describen y se comportan con rasgos propios de animales o de cosas: maullan, escarban, etc.), los animales y las cosas se personifican, la adjetivación es importantísima y sugerente, y frases coloquiales se defoman también o se usan con nuevos significados ("Me quito el cráneo" "No te pongas estupendo...")

El personaje de Max está inspirado en un poeta modernista y bohemio, amigo de Valle, Alejandro Sawa, que, efectivamente, murió ciego, solo y en la miseria. Y aparecen otros personajes reales, como Rubén Darío o Dorio de Gádex (otro escritor modernista). Incluso aparece el Marqués de Bradomín, el personaje que Valle creara para sus Sonatas veinte años antes, cuando su principal preocupación era la estética.

A partir de entonces, Valle utilizó esta técnica del esperpento para hablar de la situación de decadencia material y moral de España tanto en obras de teatro (Martes de Carnaval, Los cuernos de D. Friolera, Retablo de la avaricia, la lujuria o la muerte) que él denominaba directamente "esperpentos", como en sus novelas (novelas esperpénticas), entre las que destaca la trilogía de El ruedo Ibérico, y Tirano Banderas, novela en la que retrata a un dictador hispanoaméricano (Valle había conocido la terrible realidad de las dictaduras hispanoamericanas en sus viajes a ese continente) y que es una de las primeras obras de un subgénero bastante cultivado en el siglo XX, las "novelas de dictador" que tratan y denuncian ese tema.

Pues bien, el uso de esta lengua más expresiva que preocupada por la belleza, y el interés, o la preocupación, o la desesperación ante el tema de España, hacen que en esta segunda etapa  Valle se aleje  del Modernismo yse acerque a los hombres del 98, que tienen en España uno de sus temas característicos. Pero por su peculiaridad y originalidad, por lo distinto que era de todos los demás, el poeta Pedro Salinas  definió a Valle como el "hijo pródigo" de la Generación del 98.

Fijaos que la maestría en el manejo del lenguaje de Valle se nota ya en sus títulos: sugerentes, evocadores, llenos de resonancias y asociaciones de ideas,  y muy muy difíciles de traducir.

Sin duda, uno de los genios más originales y personales de toda nuestra historia de la literatura, D. Ramón María, el de las barbas de chivo. Original hasta el su firma:




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