Imagina: el Modernismo




 El Modernismo fue un movimiento artístico y literario que tuvo lugar en Hispanoamérica y Europa durante los años finales del XIX y los primeros del XX, una época en España marcada por la herencia de la Restauración monárquica tras el fracaso de la Revolución del 68: Alfonso XII muere  con sólo 27 años dejando como heredero al trono a un bebé, por lo que será su viuda, Mª Cristina la que jure la Constitución y asuma el papel de Regente hasta la mayoría de edad de su hijo, el futuro rey Alfonso XIII. Estamos en un período de monarquía constitucional y parlamentaria, en la cual el rey se reparte poderes con  unas cortes formadas por los represeentantes del pueblo elegidos democráticamente cada cierto tiempo. Había dos grandes partidos, los progresistas y los conservadores, que se turnaban en el poder mediante los "pucherazos" electorales y el caciquismo.  En 1912, Benito Pérez Galdós pronunció un discurso que refleja de forma muy elocuente la situación política del país:

 "Los dos partidos que se han concordado para turnarse pacíficamente en el Poder son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto. Carecen de ideales, ningún fin elevado los mueve; no mejorarán en lo más mínimo las condiciones de vida de esta infeliz raza, pobrísima y analfabeta. Pasarán unos tras otros dejando todo como hoy se halla, y llevarán a España a un estado de consunción que, de fijo, ha de acabar en muerte. No acometerán ni el problema religioso, ni el económico, ni el educativo; no harán más que burocracia pura, caciquismo, estéril trabajo de recomendaciones, favores a los amigotes, legislar sin ninguna eficacia práctica, y adelante con los farolitos... (...) Han de pasar años, tal vez lustros, antes de que este Régimen, atacado de tuberculosis ética, sea sustituido por otro que traiga nueva sangre y nuevos focos de lumbre mental. Tendremos que esperar como mínimo 100 años más para que en este tiempo, si hay mucha suerte, nazcan personas más sabias y menos chorizos de los que tenemos actualmente".
 Estamos, por tanto, en una época de corrupción política generalizada, con la consiguiente desconfianza y  desencanto de la población (reflejado en viñetas satíricas de la época) que veía como la clase política, independientemente de su ideología, aspiraba a llegar al poder no para solucionar los acuciantes problemas del país, ni para mejorar las condiciones de vida de sus habitantes, sino para obtener beneficios económicos y personales. Y España necesitaba urgentemente medidas serias que atajaran sus problemas sociales y económicos, el atraso del país, y su progresiva e imparable decadencia, de la que hizo además tomar conciencia de forma traumática el "Desastre del 98": la pérdida de las que eran ya las últimas colonias que quedaban del fastuoso imperio que nuestro país había sido tres siglos antes (Cuba, Puerto Rico y Filipinas). El Desastre marcó a toda una generación de intelectuales, algunos de los cuales eran literatos, que empezaron a reflexionar sobre esta situación, sus  causas y las posibles soluciones. Surge así el "tema de España", abordado con insistencia por los llamados intelectuales "regeneracionistas" y ya estrictamente en el ámbito literario, por la Generación del 98, etiqueta controvertida que emplean algunos críticos para diferenciar a estos escritores del resto de los Modernistas.

Estamos en ´plena época de industrialización; son años de avances tecnológicos que preludian el vértigo del siglo XX.  Estos adelantos empiezan a compartirse y darse a conocer en las Exposiciones Universales, como la de París en 1889, para la que se construyó la Torre Eiffel, que se convirtió desde entonces en símbolo emblemático de la ciudad. París será además la capital intelectual y artística del mundo, la "Meca" a la que miran y se acercan todos los pensadores, pintores, escritores del momento, incluidos los modernistas, buscando inspiración.

El Modernismo fue una corriente que afectó a todas las artes, entre ellas una muy visible públicamente: la arquitectura. Las calles de las principales ciudades se llenaron de edificios llenos de líneas curvas y elementos ornamentales (es decir, adornos) por todas partes. Como reacción al utilitarismo del mundo industrial y capitalista, el Modernismo busca la belleza de lo inútil y lo superfluo, y presenta un gusto por lo decorativo, lo detallista, lo colorista, el lujo, el refinamiento. En España, su máximo representante será el catalán Antonio Gaudí, creador de edificios tan emblemáticos como la Sagrada Familia, la Casa Batlló o el parque Guell. Pero en la mayoría de nuestras ciudades se conservan todavía los edificios característicos de la época, con sus paredes, puertas, ventanas y balcones llenos de adornos curvilíneos y coloridos (en Zaragoza, por ejemplo, muchos edificios del Paseo Sagasta o la Gran Vía).

La estética modernista, y su gusto por lo sofisticado y lo exótico (especialmente lo oriental) se deja notar también en otros aspectos, como los muebles, las vajillas de porcelana, las vidrieras y las lámparas coloristas e imaginativas. Todo se llena de pequeños detalles, líneas curvas, adornos, colores y brillos.

En pintura, el Modernismo se denominó Art Nouveau y, aparte de los cuadros convencionales, conoció un marcado desarrollo  la cartelería, en la que destacan artistas como checo Alfons Mucha, en cuyas creaciones, llenas también de detalles, adornos y anchas cenefas, aparecen mujeres que expresan muy elocuentemente una nueva visión del sexo femenino: mujeres bellas y sofisticadas, adornadas lujosamente y con aire clásico (túnicas y coronas griegas) o exótico (atavíos de inspiración árabe, indú, oriental), de las que se ensalza la sensualidad y el erotismo, y que a veces representan a seres mitológicos o míticos, como las ninfas, las estaciones o Eva.

Dentro de esta nueva visión de la mujer aparece el arquetipo de la mujer fatal: la mujer bella y sin sentimientos, que juega con crueldad con los hombres que se enamoran de ellas. Y el prototipo de mujer bella, es, como en otros aspectos, una mujer sofisticada, elegante y lujosamente ataviada (con joyas, piedras preciosas, sedas o pieles)

El Modernismo es un arte escapista, es decir, que huye de la realidad inmediata y se refugia en un mundo de belleza creado (aparte de por todas las referencias sensiorales y a elementos lujosos, refinados y exquisitos) a través de alusiones clásicas, mitológicas y artísticas (estatuas famosas, piezas de música, bailarinas de ballet...), el exotismo (hay una marcada influencia oriental, árabe, hindú) o fantasías "bonitas" (personajes de la Commedia dell'arte italiana, como Pierrots y Colombinas, hadas, duendes, caballeros y princesas...).

El rechazo de artistas e intelectuales ante el mundo en el que viven se refleja en las actitudes que toman, y que serán fundamentalmente dos. Una, la de la bohemia (la vida de los artistas dedicados a su arte, a la vida nocturna, sin preocuparse por cuestiones prácticas o materiales), cuyo centro fue París, con sus barrios de artistas como Mont Martre, y su vida de nocturna en cabarets como Le Chat Noir o Le Moulin Eouge, en los que se movió y que retrató el mítico artista Toulouse Lautrec. La otra,  la de los dandis:  caballero aristocrático, refinado, elegante de formas y aspecto, sofisticado y de pose superficial, que adopta una actitud distanciada y antisentimental frente a mundo. El prototipo de esta última actitud  fue el escritor irlandés Oscar Wilde.

El Modernismo recogerá a influencia de dos grandes tendencias artísticas y literarias de origen francés: el Parnasianismo, con su culto a la belleza y a perfección formal de inspiración clásica, y el Simbolismo, que dota a los  elementos perceptibles de los sentidos significados abstractos. Uno de los artistas más representativos de esta tendencia es el pintor austríaco Gustav Klimt, en cuya obra más famosa, El beso, quedan claro los valores simbólicos de muchos elementos concretos en esa representación de una escena amorosa que es el cuadro: el fondo dorado que representa esa visión del amor como algo mitificado, casi sagrado; los amantes en posición activa y pasiva respectivamente; las formas geométricas de la ropa masculina y femenina, la posición de las manos y los pies; la alfombra de flores y el abismo en que termina, que representaría el peligro  y la inestabilidad de la apasionada relación que hay entre los dos amantes.

Las obras literarias se van a llenar de sensaciones de todo tipo (visuales, auditivas, tactiles, olfativas, gustativas), elementos elegantes, lujosos y exquisitos, ambientes refinados y aristocráticos, y una clara preferencia por la naturaleza artificial y "domada", representada por parques y jardines suntuosos y decadentes, en los que son frecuentes elementos como la fuente (que pueden adquirir valores simbólicos; por ejemplo, en algunos poemas representa la búsqueda de la sabiduría o la verdad) o el cisne, ave elegante y enigmática que se convirtió en estandarte de toda este movimiento literario, hasta el punto que cuando empezó a decaer y surgieron nuevos escritores que reaccionaban contra el Modernismo, llegaron a decir que "había que torcerle el cuello al cisne" para expresar ese cansancio con sus formas y motivos, que llegaron a ser tópicos.


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