El nombre exacto: poemas de Juan Ramón Jiménez


Juan Ramón Jiménez es uno de los grandes, de los mayores poetas que han dado nuestras letras, y así lo reconoce el  Premio Nobel de Literatura que le fue concedido en 1956, tres días antes de la muerte de su esposa, Zenobia Camprubí, a la que había conocido en 1913 y a la que le unió un amor intensísimo que duraría toda la vida, y que sería su contacto con el mundo sobre todo en los últimos años.

Porque fue un poeta muy sensitivo pero que tendió al aislamiento, sobre todo en su última etapa, que pasó obsesionado con pulir su Obra, con mayúsculas, que era como el denominaba al conjunto de su producción poética. Juan Ramón solo sobrevivió dos años a la muerte del amor de su vida.

En su madurez, Juan Ramón buscó una poesía intelectual que sirviera no para expresar sentimientos, sino para conocer la realidad, la verdadera realidad, una poesía que buscara "el nombre exacto de las cosas", es decir, que captara y transmitiera la verdadera esencia de la realidad, que es eterna y está escondida tras todo lo que cambia y lo que muere. Una poesía consciente y tal vez deliberadamente difícil a la que sólo unos pocos, con su mismo nivel intelectual, pueden aspirar a llegar. De ahí las dedicatorias que encontramos en muchos de sus libros: "a la inmensa minoría" o "a la minoria, siempre".

Y sin embargo, algunos de los poemas que más me gustan de él (y esto es algo personal), son aquellos que transmiten de forma aparentemente sencilla "el nombre exacto" de emociones, incluso de aquellas que a primera vista pueden parecer pequeñas, y que casi todos conocemos. Y esto lo hizo sobre todo -aunque no sólo- en su primera etapa, la de una poesía intimista, modernista, a veces simbolista, en la que se nota la influencia de otro de los grandes que también hemos estudiado, Gustavo Adolfo Bécquer (de hecho algún crítico ha denominado "neorromántica" a esta etapa de su poesía).

Aquí os dejo unos cuantos momentos representativos de diferentes fases que conoció su maravillosa producción poética:

En su famosísimo Adolescencia, poema representativo del intimismo simbolista de su primera etapa, recrea con nostalgia (simbolizada por la tristeza del paisaje de las estrofas pares) la inocencia infinita del primer amor, ese en que el más pequeño detalle tiene una importancia enorme.



En Aquella tarde al decirle recrea con nostalgia muy parecida la despedida de ese primer amor inocente y adolescente que tantas veces acaba -o tiene que acabar- precisamente con una despedida por los mismos motivos que se sugieren, mediante símbolos, en este poema. 


En este poema,  Yo dije que me gustaba..., supo captar como un pequeño gesto, un pequeño detalle, de esos que son imperceptibles si no se está muy atento, se convierte en una intensa declaración de amor-(Ý los que estéis atentos, habréis percibido que Juan Ramón escribe "virjinales" cuando la ortografía obliga a utilizar la g, virginales. Pero es que él consideraba que el sonido que representa la j en castellano debería representarse siempre por j, y como era un genio -o jenio, como él escribiría- podía permitirse el lujo de hacerlo así, y de exigir a sus editores que lo respetaran).



También habló, con la misma delicadeza, de la pena de esas infancias distintas, con un punto de tristeza y ternura que él sabía captar de una forma muy especial. Como la de "la niña cojita", aferrada a su muleta, que apenas puede seguir al resto de los niños, que corren, saltan y juegan.



"Río de cristal dormido...": si hay un poema que exprese de forma clara y exacta en qué consiste la nostalgia, es este. Y lo hace de forma bellísima, como es propio del Modernismo, a través de elementos del paisaje y la naturaleza que funcionan como símbolos. Preciosos y sugerentes, eso sí.


Los poemas amorosos siguen apareciendo a lo largo de toda su obra. Y siempre igual de bonitos, sutiles y delicados, cuando expresa, por ejemplo, esa sensación -tal vez engaños,a pero qué más da- de que el amor es algo dibujado por el destino, y por tanto, inevitable: Como en este, "Para quererte al destino.."





En "Te conocí, porque al mirar la huella...." cuenta cómo el amor nace del recuerdo de un gesto o de un detalle casual. De la huella que alguien deja en un corazón, de  eso que se queda en la memoria, que es al que nos aferramos y lo que seguiremos buscando, tal vez para siempre:

Le taparía el tiempo...: poema del libro que marcó el cambio en la trayectoria de Juan Ramón, de la poesía modernista a la poesía intelectual, y que escribió, como bien expresa su título, en su viaje de novios a Nueva York, con Zenobia Camprubí: Diario de un poeta recién casado (1916). Y aquí aparece uno de los símbolos que será una constante en su obra: la rosa, que representa lo bello, lo eterno, lo esencial.



Y tiene varios poemas en los que evoca cómo seguirá lo que ahora le rodea cuando él ya se haya ido El más famoso, El viaje definitivo, escrito poco antes de morir. Porque la vida seguirá sin nosotros. Porque siempre se quedan los pájaros cantando...





Pero ya antes Juan Ramón había sabido captar en un poema el aroma agridulce de las despedidas. Todo el que ha tenido que despedirse por mucho tiempo de algún lugar, ha sentido en algún momento algo como esto: "Yo no volveré..."






Os dejo también un par de poemas muy representativos de esa parte de su obra más intelectual que sentimental, de poesía más desnuda que busca la esencia de la realidad (incluido él mismo, el propio poeta). Poesía como forma de conocimiento, por tanto:


"¡Intelijencia, dame el nombre exacto de las cosas!": uno de sus poemas más conocidos, representativo de la última etapa de su poesía, en la que esta se desnuda, se simplifica, eliminando lo accesoriopara convertirse en una forma de nombrar del modo más exacto posible la realidad, es decir, de conocerla. Los sentimientos se funden y se confunden con los conceptos.





Yo no soy yo (paradójico título, eh... La paradoja es uno de los recursos más característicos de la poesía intelectual, cuya complejidad reside en el juego con los conceptos más que con las palabras, y  precisamente una paradoja, en concreto, un oxímoron, será la dedicatoria que aparece en alguna de sus obras: "a la inmensa minoría"...) Aquí busca su propia esencia precisamente en aquello que en nosotros hay de permanente, quizás de eterno, por encima o por debajo de nuestros cambios aparentes o superficiales.

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