Garcilaso, el caballero poeta

Garcilaso de la Vega es, como Bécquer, un poeta de obra breve pero fundamental, porque marca un antes y un después en la historia de nuestra poesía. Concretamente, sus poemas supusieron el paso de la Edad Media al Renacimiento en el ámbito de la poesía  : fue el primero en hacer poemas en los que se respira ya el nuevo aire que supuso ese movimiento revolucionario, y siguiendo sus pasos hubo toda una serie de poetas castellanos que recogieron sus innovaciones. Es decir, tras él y por él, la poesía española no volvió a ser la misma.

La poesía renacentista se basa en la imitación, básicamente de dos grandes elementos: los poetas del Humanismo italiano del XIV (sobre todo, Francesco de Petrarca), y la literatura y los ideales clásicos (es decir, de la Antigüedad Grecolatina). Esta imitación, que puede parecer en principio algo superficial, traia con ella toda una revolución, porque implicaba una nueva concepción no solo de la métrica y el lenguaje poético, sino también del amor, de la vida, del hombre, de la propia poesía y del arte. Y el primero en hacerlo con éxito (salvo alguna tentativa casi anecdótica anterior, como la del Marqués de Santillana haciendo sonetos) fue el poeta toledano Garcilaso de la Vega.


Además, frente a la artificiosidad y convencionalismo de la poesía culta que existía hasta entonces en la Península (la llamada lírica de cancionero), muy alejada de la sinceridad a la que el lector moderno está acostumbrado, en Garcilaso vida y obra se imbrican de forma extraordinaria, y muchos de sus poemas recogen situaciones, acontecimientos y sentimientos de la biografía del poeta, que él mismo inmortalizó en sus versos.

Garcilaso de la Vega nació en Toledo en una fecha que aún a día de hoy resulta incierta (hay quien dice que en 1499, otros apuntan a 1501, 1502, 1503... por ahí más o menos...), en el seno de una familia vinculada a la nobleza, de la que él era el tercer hijo y el segundo varón. Y esto fue seguramente  determinante para que llegara a ser el gran poeta que luego sería, ya que era lo que se conocía como "segundón"; es decir, sin derecho a herencia (heredaba el primer hijo varón, según las normas del mayorazgo), y por ello, obligado a formarse para "buscarse la vida". Y así, sabemos que Garcilaso estudió lenguas, música y todo aquello que el ideal de la época consideraba deseable en un cortesano. Y este ideal implicaba, aparte de las letras, el dominio de las armas, con el que Garcilaso cumpliría al convertirse en soldado al servicio del emperador recién llegado de Alemania como Carlos I de España.


Pero antes, Garcilaso conoció en su vida el que sería el gran tema de su poesía: el amor. Desde 1998, gracias al hallazgo de un documento, sabemos que vivió un largo, intenso y apasionado amor de juventud con una dama llamada Guiomar Castillo, que daría como fruto un hijo.

Poco después será cuando entre al servicio del emperador apoyándole en sofocar la revuelta de los Comuneros. Luego, al servicio del duque de Alba (al que dedicará una Elegía y la segunda de sus Églogas), participará en diversas expediciones, y en su vida militar conocerá a Juan Boscán, también soldado y también poeta, que habría de ser su compañero en armas y letras, pero sobre todo, un gran amigo, como recoge la Epístola en verso a él dedicada y su otra Elegía.. Como recompensa a sus esfuerzos militares, el emperador le otorgó la orden de Caballero de Santiago, todo un honor.

Entre campaña y campaña, Garcilaso se casó con Elena de Zúñiga,  y con ella tendrá cinco hijos, algunos de los cuales murieron siendo niños. En 1526, Para asistir a la boda del emperador Carlos V con Isabel de Portugal, Garcilaso se traslada a Andalucía, y este viaje erá fundamental para su vida y su obra. En primer lugar, porque en Granada tendrá lugar una conversacón que llegará a ser mítica: la del poeta y Juan Boscán con el embajador de Nápoles, que les anima a escribir poesía en castellano pero imitando el estilo italiano, que será lo que dé lugar a la auténtica revolución poética que supuso la obra del poeta toledano. Y en segundo lugar, porque entre las damas de compañía de la reina está Isabel Freyre, la que según muchos biógrafos fue el gran amor de Garcilaso y a la que están dedicados muchos de sus versos (entre ellos, la famosísima Égloga I). De hecho, esta dama se casó con otro (caballero al que parece aludir Garcilaso en algunos de sus versos) y murió muy pronto,  acontecimiento que se recoge en esa égloga.

Y será también acompañando al emperador como Garcilaso viaje a Italia (ya que Nápoles formaba parte de los dominios de España por aquel entonces) donde entrará en contacto directo con la lírica renancentista italiana, como dijimos, una de las grandes influencias que recoge su poesía y que supondrá toda una revolución en la historia de nuestra lírica.

Por encargo del Emperador viajará también a Francia,para espiar cómo era tratada su hermana Leonor, casada con Francisco I de Francia, lo que demuestra hasta qué punto nuestro poeta era un hombre de confianza de Carlos I. Y sin embargo, poco después el propio emperador lo desterrará a una isla del Danubio en castigo por apoyar una boda familiar de Garcilaso a la que Carlos I se oponía. Esta experiencia del destierro también tendrá su reflejo poético en la Canción III de Garcilaso.

Tras el destierro, en 1532, volverá a Italia, donde compaginará sus labores militares con la escritura de sus obras más importantes. Le hieren en alguna importante expedición en el norte de África (a la que alude en la Elegía que dedica a su amigo y compañero Juan Boscán), pero será en una expedición en Provenza contra Francia, parte de la lucha contra uno de los grandes enemigos de Carlos I, Francisco I, donde la muerte le encuentre, después de tantas hazañas importantes y peligrosas, en el asalto a una torre aparentemente abandonada y sin ninguna importancia, en el otoño de 1536. Azar, destino o ironía...

Pero Garcilaso, como todos los grandes, siguió viviendo en sus poemas, que inmortalizaron, como la tela de las ninfas de su Egloga III hacían con otras historias, lo mejor de su vida: unos versos serenos y sencillos en los que late la elegancia clásica que el Renacimiento quiso y supo recuperar.

Y curiosamente, a pesar de lo que os encontréis habitualmente en los libros de texto y enciclpedias, no tenemos un retrato que inmortalice el rostro de este poeta inmortal. Ninguno de los dos de arriba le corresponden, aunque aparezcan a menudo señalados como imagen del poeta toledano. Sí conservamos, sin embargo,  algún retrato literario (es decir, con palabras):

"Era garboso y cortesano con no sé qué majestad envuelta en el agrado del rostro que le hacía dueño de los corazones, no más que con saludarlos. Y luego entraban su elocuencia y su trato a rendir lo que su afabilidad y su gentileza habían dejado por conquistar. Ningún hombre tuvo más prendas para arrastrar las almas, habiendo puesto la Naturaleza un cuerpo galán y de proporcionada estatura para palacio de la majestad de aquella alma. Adorábale el pueblo, y sus iguales, o no podían o no se atrevían a ser émulos porque el resplandor de sus prendas deslumbraba a la envidia, dejándola cobardes los ojos con la mucha luz o del todo ciegos."
Para más información sobre esta y otras cuestiones, podéis consultar el magnífico homenajeque el Centro Virtual Cervantes dedicó a Garcilaso con motivo de su quinto centenario. Pinchad aquí.

1 comentario:

Anónimo dijo...

¿Esto es material para el examen?

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