Otros poemas de la Generación del 27



De momento, nos hemos centrado en la obra de Federico García Lorca como representativa del espíritu y las características de la poesía de la Generación del 27 (el afán de renovación total y experimentación, la síntesis de tradición y vanguardia, lo culto y lo popular, lo universal y lo local...), pero ya intentamos dejar muy claro que este grupo poético está formado por muchos escritores que, a pesar de algunos rasgos comunes, presentan personalidades, actitudes y obras muy diferentes. Y como la mejor forma de conocer a un poeta es leerle, aquí os dejo un puñado de poemas pequeño, muy pequeño en relación a todo lo que aquellos poetas escribieron. Ni siquiera están todos los poetas, pero como suele decirse, no están todos los que son, pero sí son todos los que están.


Empezamos con Gerardo Diego, que aunque estuvo muy próximo en alguna etapa al Creacionismo, en otros poemas muestra ese amor por la tradición y la poesía populares, a las se que añade los procedimientos expresivos sorprendentes propios de las Vanguardias, y que se denominó Neopopularismo;  misma tendencia en que encontramos también en el propio Lorca o Alberti. Este es su Romance del Duero, en el hace del río castellano todo un símbolo... ¿de? Ya me diréis...

Vamos con el que es el gran poeta del amor dentro de la Generación del 27: el también profesor y crítico literario Pedro Salinas. Tiene sobre todo dos libros maravillosos llenos de algunos de los poemas amorosos más bellos de nuestra literatura: Razón de amor (título también de un poema medieval alegórico, al que Salinas da otro sentido)  y La voz a ti debida (título tomado de un verso de otro gran poeta amoroso de nuestras letras, el renacentista Garcilaso de la Vega). De este último libro os dejo tres preciosos poemas:

Si me llamaras: ay, el amor soñado, anhelado... e imposible.

Para vivir no quiero...: Vivir en los pronombres... vivir en el "yo" y en el "tú", puros, limpios, dejando fuera todo, absolutamente todo lo demás, como lugar en que encontrarse, amarse  y ser felices...

La forma de querer tú: cuando el otro ni expresa ni demuestra su amor... y el que ama vive "abrazado" a una duda... y un temor.

Otro poeta de extensísima obra y que murió en 1999, casi rozando nuestro siglo, fue Rafael Alberti, que a lo largo de los años le dio tiempo, entre otras cosas, de juguetear con el Surrealismo, el Neopopularismo y homenajear al poema clásico entre los poemas: el soneto. De él os propongo leer:

La niña rosa sentada: un deliciosos poemita al parecer basado en una anécdota real: estando Alberti enfermo y convaleciente durante largo tiempo en su casa, le consolaba pasar las tardes observando desde su ventana a una niña de doce o trece años que, enfrente, salía cada tarde a hojear un atlas. De la pequeña anécdota  cotidiana a la grandeza del sentimiento universal que evoca, otra síntesis de contrarios típica de este grupo de poetas. (A ver cómo interpretáis ese "atlas cerrado" del final...).

La paloma: quizás el más popular de los poemas de Alberti (a lo que contribuyó sin duda que fuera musicado hace ya muchos años), escrito nada más llegar a París en su exilio... Esta paloma que se equivoca todo el rato es un símbolo... A ver a vosotros qué os evoca...

Ven: Rafael Alberti emplea aquí la forma clásica por excelencia, el soneto, tomado de la tradición culta (ya no popular) y su tema característico, el amor, en un precioso poema en el que unido a la expresión de ese amor aparece el viento... que también, claro, tiene un valor simbólico.

Y cerramos nuestro breve y quizás injusto paseo por los versos del 27 (¡faltan tantos imprescindibles!) con el más neorromántico (entendiendo "romanticismo" en el sentido estricto) de estos poetas: Luis Cernuda. Y se le nota ya en los títulos de sus libros. La realidad y el deseo, Donde habite el olvido (tomado de un verso de una rima de Bécquer... toda una declaración de intenciones), Los placeres prohibidos (título elocuente por sí mismo y en sí mismo, al margen de los datos biográficos de su autor,  pero que también se puede relacionar con su condición de homosexual, que él nunca negó y que puede contribuir a explicar la peculiar rebeldía que late tras muchos de sus poemas) o La desolación de la quimera, uno de sus últimos libros tras muchos años en el exilio...

Contigo: el título anuncia algo lo que luego el poema expresa, que es mucho más.

No decía palabras: la actitud romántica nace del choque entre la realidad y el deseo... y aquí Cernuda expresa lo que es para él eso, el deseo.

Te quiero: existen mil formas de decirlo y expresarlo. Un te quiero puede esconderse incluso en lo que parece su contrario.

Peregrino: recoge Cernuda ahora toda una tradición poética que ya el siglo XV encontrábamos en Manrique y hacía también suya en su poesía más intimista y filosófica Machado: la vida como camino, como un viaje. Y la utiliza Cernuda para expresar su actitud ante la vida, a través de un  símbolo (como hacía constantemente Bécquer). Y su símbolo es el peregrino.

Donde habite el olvido: tomándole un verso prestado a Bécquer, Cernuda evoca también la idea de su muerte, como Bécquer, sin nombrarla, y con ello evoca también lo que es para él la vida.

Si el hombre pudiera decir lo que ama: uno de las más bellas, emblemáticas y rotundas declaraciones de amor de todas nuestras letras. Una maravillosa reivindicación del amor en libertad.

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