La literatura en la segunda mitad del XIX: el Realismo.

Gustave Courbet: "Las cribadoras de trigo" (1853)


Como vimos, la segunda mitad del siglo XIX es una época agitada, llena de revoluciones, pronunciamientos militares y continuos cambios de gobierno, en el que se van afianzando los cambios económicos, sociológicos, culturales y tecnológicos que sentarán las bases del mundo actual. Se extiende una visión materialista de la sociedad y del hombre a la que contribuyen Darwin, el Positivismo o el marxismo, y una mentalidad práctica, que aspira sobre todo a transformar la realidad, que influirá, obviamente, en la literatura: a partir de 1844 termina el auge del Romanticismo y comienza una evolución que dará lugar al Realismo, movimiento en muchos aspectos radicalmente diferente al que le precedía.



La actitud de escritor, al igual que en el Romanticismo (curiosamente), es de descontento ante la realidad que le rodea, pero ya no adopta el idealismo o la evasión romántica, sino que muestra una voluntad de análisis y crítica. Ya no se huye de la realidad, sino que se la refleja y analiza, para conocer y mostrar sus defectos, y así poder transformarla. De este modo, la literatura va a intentar reflejar la realidad de la forma más completa y objetiva posible, tanto  sus aspectos agradables como, sobre todo, los más miserables, groseros, desagradables... Los escritores van a llevar a cabo una observación rigurosa, casi científica de la realidad, y van a utilizar la Sociología y Psicología para el análisis y plasmación de ambientes y personajes.

            Dos factores influyen en el desarrollo del Realismo en España (cuando ya se había desarrollado en Europa):


1) El género costumbrista romántico, que ya había acostumbrado a los escritores a basarse en la observación de la realidad. Los artículos de costumbres románticos darán lugar a mediados de siglo a novelas costumbristas (como La gaviota, de Fernán Caballero, pseudónimo de Cecilia Bohl de Faber), y luego la novela se generalizará, pero pasará de ser costumbrista y reflejar de forma a veces idealizada algunas costumbres, sobre todo las más típicas y pintorescas, a ser realista y tratar de reflejar fiel y objetivamente toda la realidad.

2) La influencia de la novela realista europea, cuyas traducciones se leyeron abundantemente en España. El Realismo, como ocurriera antes con el Romanticismo, empezó antes en Europa, y a España llegó a través de las traducciones de sus principales obras, entre las que podemos destacar:
  • Dentro del Realismo francés, situamos a Balzac o a Stendhal (autor de novelas como La cartuja de Parma, o Rojo y negro, a quien debemos una de las frases que mejor refleja el espíritu de la novela realista: "La novela es un espejo que ponemos en el camino"). También a Gustave Flaubert, autor de una de las grandes novelas de todos los tiempos, Madame Bovary, muy escandalosa en su momento por ser de las primeras que analizaba uno de los fenómenos sociales que será recurrente en el Realismo, pero que era prácticamente un tabú en la sociedad de la época: el adulterio femenino. En su estela habremos de situar, por ejemplo, La Regenta de Clarín)
  •  En el Realismo ruso encontramos a escritores como León Tolstoi (autor de "novelones" como Guerra y paz, o la inolvidable Ana Karenina, historia también de un adulterio desgraciado, el de la protagonista, con la que la sociedad en la que vive será implacable, terminando con su suicidio como única salida posible), o el gran Feodor Dostoievsky, el maestro en el análisis psicológico de los personajes, en novelas como El jugador (donde analiza la psicología del ludópata, el adicto al juego, enfermedad que conocía muy bien, porque él mismo la padeció), Los hermanos Karamazov o Crimen y castigo, intenso análisis de la culpa, sus mecanismos y sus consecuencias, que sigue influyendo en la actualidad en muchos relatos y películas.
  • En el Realismo inglés cabe destacar a Charles Dickens, autor (aparte del archiconocido Cuento de Navidad) de novelas en las que se cuentan ejemplos de esas infancias difíciles por las circunstancias que la sociedad impone a algunos niños, sobre todo de clases desfavorecidas. Ejemplo de ello son Oliver Twist, David Copperfield o La pequeña Dorrit, en las que denuncia la dureza (a veces crueldad) de la vida en los orfanatos, el trabajo infantil o el uso de niños para la delicuencia, entre otros temas.
Con el Realismo, poesía y teatro (los géneros preferidos por los Románticos) pasan a un segundo plano. Ahora se cultivarán sobre todo los géneros narrativos en prosa (son los que permiten un reflejo más completo de la realidad): novela y cuento. 

Muchas novelas se publicaban por entregas en los periódicos, en forma de folletín (de donde viene el término), aspecto que se nota en su estructura (por ejemplo, capítulos que terminan en lo más emocionante, para que así el lector comprara la siguiente entrega).


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