Mariano José de Larra: una vida romántica, intensa y trágica.


Mariano José de Larra, padre del periodismo en nuestro país,  sucesor de Quevedo y precursor de los noventayochistas en el dolor por la situación de atraso y decadencia de España, tuvo una vida justamente convertida en mito, marcada por acontecimientos insólitos que le dan un acento plenamente romántico, y llena de curiosidades que van más allá de sus  brevísimos -pero intensos- 27 años de vida.

Nació en Madrid, el 24 de marzo de 1809. Su padre era un médico "afrancesado", es decir, partidario de los franceses, con el rey José Bonaparte a la cabeza, cuando tuvo lugar la invasión napoleónica, por lo que al finalizar la guerra se vieron obligados a exiliarse en Francia, donde Larra entró en contacto con un ambiente liberal, progresista, culto y refinado que habría de marcar en gran medida su personalidad y sus aspiraciones. En 1818, el rey Fernando VII declara una amnistía y los Larra vuelven a España, pasando por diversas ciudades según los destinos profesionales del cabeza de familia (Madrid, Cáceres, Aranada de Duero...). 

Larra comenzó en Valladolid los estudios de Medicina, seguramente más por presión paterna que por vocación personal, pero el primer año no se presentó a ningún examen, al parecer por un turbulento episodio amoroso que le sumió en una depresión: se enamoró de una mujer mayor que finalmente resultó ser una amante secreta de su padre,  Aprobaría más tarde esos exámenes, pero abandonó esos estudios para iniciar los de Derecho, que tampoco terminó, porque muy pronto comenzó a dedicarse a la que era su verdadera vocación: el periodismo. Con sólo 19 años fundó su primer periódico: una publicación mensual titulada El Duende Satírico del Día, donde empezó a escribir sus característicos artículos en los que mediante la sátira irónica, mordaz y aguda, criticaba los aspectos negativos de la sociedad de su época (la oscura y cerrada España absolutista y reaccionaria de Fernando VII). El periódico se cerró por la denuncia de uno de los personajes en él criticados, pero Larra ya había adquirido cierto renombre, por lo que prosiguió infatigable su actividad periodística.

Dolores Armijo
También muy joven, con sólo 20 años, se casa con Josefina Wetoret, un matrimonio fracasado que terminaría en separación pero del que tuvo tres hijos: Luis Mariano de Larra (que llegaría a ser un conocido escritor de zarzuelas), Adela (que sería amante del fugaz rey de origen italiano Amadeo de Saboya) y Baldomera, su hija pequeña, que sería encarcelada por un fraude prestamista piramidal, siendo precursora de esta "técnica" financiera fraudulenta en nuestro país. Dos años después de casarse, en 1831, Larra inicia una apasionada y tormentosa relación con una mujer casada, Dolores Armijo.

En 1832 funda otro periódico, El Pobrecito Hablador, en el que firma con el pseudónimo de Juan Pérez de Munguía sus artículos de crítica social en los que se refleja su ideología liberal, opuesta al absolutismo,  y comienza a colaborar con otras publicaciones como La Revista Española, y a firmar con el que llegaría a ser el más popular de todos sus pseudónimos: Fígaro.

En 1834 publica su novela El doncel de Don Enrique el Doliente, que trata el mismo tema que su tragedia Macias (prohibida el año anterior): los amores adulterinos de un trovador medieval, Macias, que terminó encerrado hasta morir en la torre del Palacio de la Aljafería de Zaragoza. El interés por este tema se debe, sin duda, al paralelismo con su propia relación extramatrimonial con Dolores Armijo. En el verano de 1834 Dolores le abandona, yéndose de Madrid, y Larra se separa de su mujer, embarazada de su segunda hija.

En 1835 empieza en Lisboa un viaje por Europa que le llevará a Londres, Bruselas y París, donde conoce a grandes escritores románticos como Víctor Hugo o Alejandro Dumas, mientras en Madrid comienzan a publicarse sus artículos recopilados en forma de libro. A su vuelta a España, en 1836, se implica ya activamente en la agitada situación política, no sólo a través de sus artículos, sino que además se presenta a las elecciones siendo elegido diputado por Ávila. Pero esas elecciones se verán anuladas por un motín, lo que aumentará su desánimo y su desesperanza ante la situación del país y la imposibilidad de lograr estabilidad, libertades y progreso, desaliento perceptible en los artículos que escribe durante esos meses.

Este desencanto unido a su última decepción sentimental parece estar detrás de lo que ocurre el 13 de febrero de 1837. Tras encontrarse con Dolores Armijo, habían quedado en que ella acudiría por la tarde de ese día a su casa, hecho que hizo ilusionarse a Larra con una posible reconciliación. Pero Dolores se presentó acompañada de una "carabina", para recoger sus cartas, borrar el pasado y comnicarle clara y tajantemente que no ninguna posibilidad de volver. Aún estaban saliendo las dos mujeres de la casa del escritor cuando sintieron un golpe seco, al que no dieron demasiada importancia. Era el tiro que Larra se pegó, hay quien dice que en la sien, hay quien dice que en el corazón, delante del espejo.  Tenía sólo 27 años, y sería encontrado por su hija pequeña. Meses después, Dolores moriría en el naufragio del barco que la llevaba a Filipinas en compañía de su marido.

Tumba de Larra
La muerte de Larra supuso una gran conmoción. Su entierro en Madrid fue un acto multitudinario en el que un joven poeta vallisoletano, que luego sería autor de Don Juan Tenorio, se daba a conocer leyendo un largo y emotivo poema a él dedicado. Era José Zorrilla. Tras sufrir algunos traslados, sus restos fueron depositados definitivamente en el Panteón de Hombres Ilustres de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles, donde son objeto de homenaje cada cierto tiempo. Uno de esos homenajes fue el que le hicieron en 1902 un grupo de escritores (Azorín, Unamuno y Baroja) que comenzaban a darse a conocer públicamente como una generación que pasaría a la historia con el nombre de Generación del 98, y que compartían con Larra la honda, sentida y sincera preocupación, en algunos momentos desesperada, por la situación de España. El último homenaje importante tuvo lugar en 2009 conmemorando su segundo centenario, aunque todos los años se recuerda y homenajea su figura como "patrón" de los periodistas españoles con la entrega de los premios que llevan su nombre, los Larra, los premios más importantes del periodismo español.

Podéis ver más curiosidades sobre esta figura apasionada e imprescindible aquí y en los siguientes enlaces:
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