La vida en pantallas: redes sociales y televisión (taller de escritura)


Para conocer los secretos de la argumentación, tan importante es leer y analizar textos argumentativos,  como argumentar, es decir, escribirlos. Así que vamos a empezar con un sencillo ejercicio de argumentación en el que la tesis os vendrá impuesta (aunque hay muchas posibilidades de que coincida con vuestra opinión real).

Tras leer esta carta del director en la que se critica nuestra dependencia de  las redes sociales y este artículo de Javier Marías que considera la obsesión española por los programas del corazón como prueba de una enfermedad social, deberéis elegir una de ambas tesis y argumentar justo en contra, es decir, a favor bien de las redes sociales, bien de los contenidos intrascendentes en televisión (cotilleos, testimonios, telerrealidad... la famosa y discutida "telebasura").


Para ello, os recomiendo que antes de lanzaros a escribir, os paréis a pensar en todos los argumentos posibles para defender vuestra tesis. Recordad que en clase hemos mencionado muchos tipos que suponen otras tantas posibilidades (deducción lógica, autoridad, citas, datos y ejemplos, analogía, primera persona, emotividad, etc.), aunque que puede haber muchos más. Podéis hacer una "lluvia" de ideas previa, sin orden, pero tomando nota (ver las cosas "negro sobre blanco" ayuda siempre a clarificarlas y ordenarlas). También podéis intentar pensar argumentos que puedan rebatir los dados  en estos textos, u otros posibles contrarios a lo que vais a defender.

Luego pensad un orden, una estructura, deductiva o inductiva. Podéis empezar dejando clara vuestra tesis general, para luego ir desarrollando, de forma ordenada y coherente, enlazándolos por nexos y dividiendo en párrafos, los argumentos que antes habíais pensado; o bien podéis empezar dando argumentos concretos, para finalmente presentar vuestra tesis como una conclusión que se deduce de todo ello.  En todo caso, recordad que lo más útil es empezar por una introducción, seguir por un desarrollo claro y ordenado, y terminar con una conclusión en la que reforcéis o destaquéis aquello que creáis pueda resultar más convincente (que es vuestro objetivo al argumentar: convencer al que os lee, "venderle" que tenéis razón... y que os lo compre).

Una vez que tengáis los argumentos y la estructura, lanzaos a redactar con el objetivo claro de convencer. Para ello es primordial que "enganchéis" al lector (nada de ser aburridos o confusos). Intentad llamar su atención y que se meta en vuestro razonamiento. Luego, debéis hacerle pensar como vosotros pensáis, y para eso están los recursos retóricos: metáforas y comparaciones llamativas, elocuentes, expresivas, que destaquen una idea o apelen a la emotividad, interrogaciones retóricas para que se plantee lo mismo que vosotros os planteáis, adjetivos que hagan atractiva o contundente vuestra opinión, ironía, efectos humorísticos, enumeraciones enfatizadas por anáforas o paralelismos... Cuidad mucho, muchísimo, el final del texto (esto lo saben muy bien políticos y abogados, por ejemplo), porque si en otras cosas la primera impresión es la que cuenta, en las argumentaciones suele ser la última, porque es la que da el "sabor" con el que el lector se va a quedar en la boca.

Una vez que tengáis vuestro texto, es el momento de elegir un título, que, ya lo veís en los ejemplos, ha de ser también lo más llamativo y elocuente posible.

El miércoles 21 de diciembre, última clase de este año, veremos los resultados.

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