El teatro en el Romanticismo: el drama romántico


Aunque la poesía fue el género preferido y más cultivado por los escritores románticos (por algo es el que se define por expresar sentimientos, una de las características clave del Romanticismo), el que tuvo más repercusión pública fue el teatro, ya que por aquel entonces en España cuatro de cada cinco personas (aproximadamente) eran analfabetas, es decir, no sabían leer ni escribir, pero sí podían acudir al teatro, que era el único espectáculo y entretenimiento público.


Además, veníamos del teatro neoclásico, sensato, didáctico, moral, verosímil, crítico y respetuoso con las normas, que apenas había conseguido triunfar sobre la pervivencia de un teatro barroco cada vez más degenerado, y ya tuvo que vérselas con las obras románticas, que como podéis imaginar estaban prácticamente en las antípodas de sus características y sus pretensiones.. Así que los estrenos de las primeras obras románticas se vieron inevitablemente envueltos en la polémica, por la división tajante e irreconciliable de crítica y público: o las aplaudían entusiasmados, o las abucheaban airados. Pero eso sí: no dejaban indiferente a nadie.

Los autores románticos hicieron un nuevo tipo de teatro, muy alejado de las comedias y tragedias neoclásicas, con características acordes a su ideología y sus gustos estéticos, lo que dio lugar a un nuevo género teatral conocido como “drama romántico” que se caracterizaba por:
  • Su intención: los autores románticos no pretenden instruir o educar al público, sino conmoverlo, tocar sus sentimientos.
  • Por y para ello, sus principales temas serán:
    • El amor, que aparece como un sentimiento apasionado e irrefrenable, que a menudo choca con las normas sociales (prohibido, clandestino...)
    • La muerte, el más allá, lo sobrenatural, el misterio.
    • El destino fatal que persigue a los protagonistas, contra el que no pueden luchar por mucho que lo intentan y que los lleva a un desenlace trágico.
    • Hay además un gusto por temas históricos y legendarios. 
  • Sus personajes principales serán el héroe (protagonista masculino: personaje marginal o enfrentado a la sociedad, misterioso, rebelde, cínico, apasionado…) y la heroína (protagonista femenina,bella, dulce, angelical, dispuesta a todo por amor...)
  • Los románticos van preocuparse mucho por la escenografía (decorados, ambientación, vestuario, música) aspecto que cuidan mucho en sus obras para que resulte impactante, impresionante, sobrecogedora, contribuyendo así a conmover al espectador. En estas obras se producen continuos cambios de escenario, y predominan los lugares lúgubres, misteriosos (cementerios, la noche...), los  lugares históricos (monasterios, castillos, ruinas...), los lugares típicos o pintorescos (fondas, mercados, tabernas...) o naturaleza impactante, salvaje o misteriosa (acantilados, grutas, etc.) 
  • En cuanto al estilo, se produce una  ruptura total  de normas clásicas: mezcla de lo cómico y lo trágico, la prosa y el verso, estrofas distintas, versos  de distinta medida…. 
  • Es muy frecuente el uso de un lenguaje grandilocuente, declamatorio, rimbombante, para enfatizar sentimientos y situaciones extremas.

Los principales autores y obras y obras serán Ángel Saavedra, Duque de Rivas, con una de las obras prototípicas de este nuevo teatro ya desde el título: Don Álvaro o la fuerza del sino.   También Juan Antonio Hartzensbuch, que convirtió en drama una leyenda medieval aragonesa,  Los amantes de Teruel. José Zorrilla, por su parte, se basará en un personaje del teatro barroco y lo convertirá en personaje arquetípico y universal en su  Don Juan Tenorio,  y Antonio García Gutiérrez se basará en otra conocida leyenda medieval también aragonesa para escribir un drama romántico delicioso que tituló El trovador, que se sitúa principalmente en una torre de planta rectangular del Palacio de la Aljafería y sobre la que Verdi escribiría su famosa ópera del mismo título. Sobre esta historia (la de un trovador encerrado hasta la muerte por el marido de la dama de la que estaba enamorado) escribió Larra también su tragedia Macías y su novela El doncel de D. Enrique el Doliente.


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