Bécquer y su "camino fatal"

 G. A. Bécquer por su hermano Valeriano
















Mi vida es un erial,
flor que toco se deshoja;
que en mi camino fatal
alguien va sembrando el mal
para que yo lo recoja.











Otro poeta romántico cuya obra es un reflejo, en algunos versos muy transparente, de su vida y personalidad es Gustavo Adolfo Bécquer que, a pesar de escribir en la segunda mitad del XIX, cuando ya en España había triunfado el Realismo, lo hacía con todos los rasgos del Romanticismo (por lo que, junto con la poetisa gallega Rosalía de Castro, se le etiqueta como post-romántico). Pero eso sí, su Romanticismo será muy diferente del exaltado Espronceda: en Bécquer encontramos un romanticismo intimista, centrado en expresar los sentimientos más profundos, íntimos y personales del poeta, consecuencia de su propio talante soñador y tendente a la melancolía, y de una vida llena de desgracias. Su concepción de la poesía y su forma de hacerla lo hacen el padre de la poesía moderna, y su influencia sigue notándose en la actualidad, tanto en actitudes como en pasajes y expresiones concretas.

Nace Gustavo Adolfo en Sevilla, en 1836, y el apellido que adoptará como escritor era en realidad el segundo apellido de su padre, pintor descendiente de una familia flamenca,. Muy pronto perderá a sus padres, lo que tendrá una doble consecuencia:  por un lado, va a ser adoptado y educado por  su madrina, una mujer con mucha sensibilidad e inquietudes artísticas, que propiciará que Bécquer crezca en contacto con todas las artes, especialmente la literatura, la música, la pintura y el dibujo, en las que pronto empezó a destacar; y por otro, se establece un vínculo muy especial de protección, ayuda y cariño mutuos con su hermano pequeño, Valeriano, que será su gran compañero y colaborador.

En su formación, será fundamental su asistencia a la escuela fundada en Sevilla por el poeta prerromántico Alberto Lista, que le pondrá en contacto con la literatura romántica europea.

En 1854 se va a Madrid, lleno de ilusiones literarias  que pronto chocarán con las dificultades de un período agitado y de las pocas oportunidades que ofrecía para alguien que quería ganarse la vida como escritor. Sus ahorros se agotan rápidamente y prueba suerte en muchas publicaciones periódicas, muchas de ellas efímeras. Empiezan las estrecheces económicas y la vida bohemia, aunque él logra introducirse en los ambientes literarios madrileños y se va consolidando su círculo de amigos. En parte gracias a ellos, consiguió un trabajo como escribiente, del que fue despedido por "perder el tiempo" con dibujos de los personajes de Hamlet. Inicia entonces, en 1857, su gran proyecto fallido, la Historia de los Templos de España, que gozaba de la protección de la mismísima Isabel II, pero la empresa editorial que los publicaba por entregas terminó quebrando, y tal vez en parte por el agotamiento al que le llevó este proyecto, aparece la enfermedad que le llevará a la muerte: la tuberculosis.

Billete de 100 pesetas que reproduce el retrato de Bécquer
Julia Espín
Aún así, comienza a publicar artículos, poemas y relatos en periódicos de la época, y sigue frecuentando los círculos literarios de Madrid, en los que conoce a dos hermanas que muchos críticos sitúan como inspiradoras de algunas de sus rimas: Josefina Espín, bella joven de ojos azules a la que corteja un tiempo, para fijarse luego en su hermana, la también hermosa Julia Espín, cantante de ópera, de la que se enamoró pero con la que no llegó a nada porque al parecer a ella no le gustaba la vida bohemia del escritor y aspiraba a algo mejor social y económicamente. Y es que a pesar de la fecundidad literaria de estos años, continúan las penurias económicas, que se alivia un poco cuando entra a formar parte de la plantilla del periódico "El Contemporáneo", en los que publica artículos (algunos de tema literario, que dejan claras sus ideas sobre la poesía), algunas de sus rimas y también leyendas.

Tras un breve y apasionado romance con una dama que durante años se identificó como Elisa Guillén (nombre hoy descartado) y que le abandonó, sumiéndole en la desesperación,  contrae matrimonio en 1861 con Casta Esteban, joven soriana hija del médico de Bécquer, aunque no será un matrimonio feliz. Con todo, su primer hijo hace en 1962 y la familia tiene una casita en Soria para retiros ocasionales, que ponen al escritor en contacto con tradiciones del lugar. Las obligaciones económicas que imponen tener que mantener una familia hacen que combine sus colaboraciones en El Contemporáneo y otros periódicos con la escritura de zarzuelas, que firma con pseudónimos.

Cuando su enfermedad empeora, en 1863, por consejo de su hermano Valeriano (autor de su famoso retrato y al que estuvo siempre especialmente unido) se retira al monasterio de Veruela, en Zaragoza, para pasar el invierno al pie del Moncayo, cuyo aire puro era famoso para el tratamiento de la tuberculosis. Ambos hermanos recorren los alrededores  para inspirarse, Valeriano para sus cuadros costumbristas, Gustavo Adolfo para sus textos: así escribe para El Contemporáneo sus Cartas desde mi celda, en que mezcla observaciones impresionistas con sueños, recuerdos y evocaciones imaginarias.

Tras una estancia en Sevilla con su familia y su hermano (cuya relación con Casta no era buena) vuelve a Madrid y, a partir de 1864, colabora con el gobierno conservador del general Narváez, del que González Bravo (fundador de El Contemporáneo) es nombrado ministro de la gobernación. Al conseguir también un cargo el director del periódico, pasa Bécquer a ocupar su puesto, que combina con el cargo de fiscal de novelas que le consigue su amigo González Bravo. El desahogo económico que le supone todo esto terminará pronto, cuando caiga el gobierno y Bécquer prefiera dimitir.

Vicente Palmaroli. "Bécquer en su lecho de muerte"
A partir de 1864 su vida empieza a dar tumbos en medio de polémicas políticas y periodísticas, y se agrava, sobre todo en lo económico, en 1865. Sin un trabajo estable y tras el nacimiento de su segundo hijo, él y su familia se ven obligados a mudarse a un barrio más barato. Continúa publicando en periódicos y colaborando con su hermano Valeriano, lo que hace que su fama se vaya acrecentando, sobre todo como autor de leyendas. Con su hermano viaja a Soria para intentar mejorar sus problemas de salud, pero también para alejarse de Casta, que le había sido infiel (al parecer ella llegó a confesarle que el tercer hijo del matrimonio no era de Bécquer). Cuando en la capital estallan las revueltas políticas de 1868, ambos se exiliarán en Toledo, ciudad que fascina al poeta (como reflejan algunas leyendas y articulos), aunque sus penurias económicas serán cada vez más acusadas. El 68 es para él un año terrible: en esas revueltas desaparece el manuscrito con sus obras, alguno de sus hijos enferma y sus amigos dejaron testimonio del deterioro y desaliño físico de Gustavo Adolfo, aunque vuelve a Madrid, donde goza de la compañía y el arropo de su hermano, sus hijos y sus amigos. Continúa alguna colaboración periodística, hasta que en 1870 fallece uno de los pilares de su vida, su hermano Valeriano, duro golpe que lo llevó a una profunda tristeza. Aún así, continúa escribiendo, hasta que su enfermedad se agrava y fallece tres meses después que su hermano, el 22 de diciembre del mismo año, coincidiendo con un eclipse total de sol.

Lápida de los hermanos Bécquer
en la antigua capilla de la Universidad de Sevilla
Inmediatamente después de su muerte, sus amigos emprenden la tarea de editar sus obras y las de su hermano para ayudar a su familia económicamente, recopilando los textos aparecidos en prensa y los que el poeta había dejado manuscritos. Y así, en julio de 1871, verán la luz  en dos tomos las obras de Bécquer, de las que forman parte fundamental uno de los títulos clave de la historia de nuestra literatura: sus Rimas y leyendas.






Si queréis saber algo más sobre  el poeta por antonomasia de nuestras letras, podéis visitar la Biblioteca de Autor que le dedica la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. aquí encontraréis, por ejemplo:
  • Una completísima y amena biografía
  • Una galería de imágenes, donde podéis ver retratos del poeta y de algunas personas importantes en su vida, como Julia Espín o su hermano Valeriano (autor del retrato más famoso del poeta, el que tenéis arriba), portadas y escritos; dibujos del padre de Bécquer, de su hermano Valeriano (algunos sobre la vida más personal y familiar del poeta) o del propio Gustavo Adolfo (fijáos que muchos tienen mucho que ver con el mundo fantasioso o espectral de algunas leyendas); y algunas otras fotografías relacionadas con su vida.
  • Una fonoteca en donde podéis escuchar maravillosamente recitadas algunas de sus leyendas y algunas de sus rimas.

Estatura de Bécquer en el Parque Mª Luisa de Sevilla

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