La prosa del siglo XIV: Don Juan Manuel y el Conde Lucanor


Un siglo después de que Alfonso X el Sabio impulsara el castellano creando su prosa y su norma ortográfica, o sea, en el siglo XIV, será su sobrino, el infante Don Juan Manuel, el que recoja el testigo y decida compaginar sus actividades políticas y militares, propias de su condición de noble de elevadísima posición, con la de escribir prosa en castellano. Se convierte así en una avanzadilla del noble culto y además escritor que tanto proliferará en el siglo XV y que cristalizará en el ideal humano (que llegará a tópico) de"las armas y las letras".

Si con otras obras  medievales tenemos problemas con la transmisión (escasez de manuscritos, errores, variantes...), en este caso fue el propio Don Juan Manuel el que se encargó de que con las suyas no ocurriera. Orgullosísimo de lo que había escrito, a su muerte entregó sus obras a los monjes de Peñafiel (Valladolid), donde fue enterrado, para que ellos se encargaran de copiarlas fielmente, sin errores ni alteraciones.

Su obra más importante y conocida es El conde Lucanor: una colección de 51 ejemplos (historias breves con moraleja, género tan del gusto medieval, por su didactismo y por adaptarse a las mil maravillas al ideal de "enseñar deleitando") con una historia- marco que sirve de excusa para incluirlos en el mismo libro, al estilo de las colecciones de cuentos orientales (como Las mil y una noches) que tanto se habían traducido en la península desde el siglo XIII.

La historia marco que une todos los relatos es muy sencilla: el conde Lucanor es un joven noble que se enfrenta cada día a muchos problemas y dilemas que no sabe cómo afrontar, por lo que consulta a su ayo, Patronio, hombre  sabio, prudente y lleno de experiencia, quien, en vez de contestarle directamente, responde cada vez con una historia relacionada con el problema planteado. Así, todos los capítulos tienen la misma estructura, ya que en cada uno de pueden diferenciar cuatro partes:
  1. Planteamiento del problema por el Conde Lucanor
  2. Respuesta de Patronio que incluye el ejemplo propiamente dicho (o sea, la historia) y la explicación de la moraleja o enseñanza, así como su relación con el problema inicial planteado.
  3. El Conde Lucanor pone en práctica el consejo de Patronio, siempre con éxito.
  4. Don Juan Manuel se nombra a sí mismo en tercera persona, cuenta que le gustó mucho todo esto y por eso lo incluyó en el libro, y termina con un pareado final que recoge, de nuevo, la moraleja o enseñanza.
Los cuentos no son originales ni inventados por D. Juan Manuel: están tomados de la tradición, y muchos son de origen oriental (y circulaban traducidos, como vimos, desde el siglo XIII ); otros, de clásicos grecolatinos como Esopo. Algunos, incluso, aparecen también en versión en cuaderna vía en El Libro de Buen Amor, obra de la misma época que incluye también muchos ejemplos.

Don Juan Manuel "actualiza" la mayoría de los relatos, es decir, los ambienta en la Castilla del siglo XIV, para acercar así la historia (y su enseñanza) a sus lectores. Y casi todos, más que plantearse lo que está bien o lo que está mal, presentan una moral práctica, y enseñan cómo actuar para tener éxito, obtener beneficios y evitar perjuicios, como signo de que poco a poco la mentalidad medieval va cambiando al preocuparse por lo material, que la moral cristiana oficial en principio despreciaba.

Aquí podéis leer algunos ejemplos del libro en los que podéis comprobar todo esto. Y aprender alguna cosilla, como quería Don Juan Manuel. Eso también.

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