Gonzalo de Berceo y los "Milagros de Nuestra Señora"


Los autores del Mester de Clerecía son escritores cultos (y esto en la Edad Media quiere decir que saben leer y escribir) que crean sus obras, a diferencia de los juglares, por escrito, lo que tiene varias ventajas: aparte de permitir mayor perfección y regularidad métrica, aspecto del que estaban muy orgullosos, permite que sus obras tengan una forma más fija, no tan sujeta a variaciones y que además se puedan firmar. De ahí que no sea extraño que sea precisamente uno de sus miembros el primer escritor de nombre conocido de nuestra literatura: Gonzalo de Berceo.

Berceo fue un clérigo vinculado a varios monasterios de la zona de la Rioja, como San Millán de la Cogolla y Santo Domingo de Silos. Aparte de varias vidas de santos (entre ellas, la de San Millán y la de Santo Domingo) su obra más importante y conocida son los Milagros de Nuestra Señora, una colección de veinticinco milagros de la Virgen (y el número no es casual: en la Edad Media, que a todo le da valor simbólico, el cinco es el número de la Virgen, así que Berceo elige su cuadrado).

Estos veinticinco milagros van precedidos por una introducción alegórica, es decir, a base de metáforas relacionadas ente sí:el poeta se describe a sí mismo, y a todos los hombres, como romeros (o sea, peregrions) que en un viaje lleno de dificultades pueden descansar en un prado (la Virgen) que ofrece ayuda y amparo (flores, árboles que dan sombra) y en el que hay una fuente en la que refrescarse con cuatro caños (los cuatro evangelistas, cuya sabiduría está inspirada por la Virgen).

Los milagros que narra Berceo, pertenecen al género medieval de los exemplum (relatos breves de los que se extre una enseñanza moral), pero por supuesto, no se los inventa: están tomados de colecciones de milagros de la Virgen en latín, que utilizaban entre otros los sacerdotes en sus sermones.  Berceo los adapta en sus detalles a las costumbres y la mentalidad de la Castilla del siglo XIII para acercarlos así lo más posible a sus destinatarios. 

En ellos se percibe una religiosidad formal, externa, de oraciones y gestos, en las que un pecador empedernido puede salvarse por el mero hecho de rezarle a la Virgen, que además aparece humanizada, como si se tratara de una mujer con sus defectos y actitudes humanas (como la vanidad, la ira o los celos).

Berceo emplea la métrica propia del Mester de Clerecía, la cuaderna vía (cuatro versos alejandrinos con la misma rima consonante, y divididos por una pausa o cesura en dos hemistiquios).

Como otras obras del Mester de Clerecía, Berceo cuida la lengua, pero apela al auditorio al estilo de los juglares e incluye mucho léxico cotidiano y alusiones a la vida campesina que llevarían los destinatarios de las historias y su enseñanza.

Y para muestra, un par de bonotes:
Y aquí tenéis la adaptación para televisión (que ya tiene unos añitos) del que leímos en clase: "El ladrón devoto"


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