Ficción, realidad y fantasía

 
La literatura es un arte (como la música, el cine, la pintura, la escultura o la danza), y como todas las artes se caracteriza por no tener una utilidad práctica inmediata. Es decir, puede que la literatura resulte útil en algún momento para algo (por ejemplo, puede que enseñe, que haga reflexionar, que sirva de denuncia...), pero es algo "colateral", y desde luego, no es algo necesario para la obra literaria. La intención principal con la que la crea el autor no es esa, y la intención con la que se acerca  a ella el lector tampoco. 
 
La literatura, como todas las artes, nace para gustar, para entretener, para divertir, para emocionar, para conmover, para sobrecoger... Y cada arte utiliza para esto un medio, una materia prima con que fabricar las obras que lo consigan. La pintura emplea las formas y los colores; la escultura, los volúmenes y las texturas; la música, los sonidos; el cine,  imagénes en movimiento con o sin sonido... y la literatura emplea las palabras, es decir, la lengua.  
La literatura es un uso muy especial, peculiar, maravilloso e incluso un poco mágico, de la lengua. O lo que es lo mismo, una forma muy especial, peculiar, maravillosa e incluso un poco mágica, de comunicación.

Pero precisamente por que su función primordial no es informar ni enseñar, una de las caracterísiticas peculiares de la literatura (que comparte, por ejemplo, con el cine) es la de la ficción. O sea, la "mentira". Porque la literatura puede dedicar unos pocos versos o cientos de páginas a cosas que nunca sucedieron en la realidad, sino que surgieron de la imaginación del escritor. 
Aunque en esto de la ficción hay grados, y por ellos podemos agrupar las obras literarias (como las películas, o las series de televisión) en dos grandes tipos, según como combinen imaginación y realidad:
  • Obras realistas: son aquellas que, aunque narren hechos ficticios,  nos presentan un mundo, unos personajes, unos ambientes, unos sucesos muy parecidos a los reales. Son aquellas obras que hablan de cosas que aunque no hayan sucedido, podrían suceder perfectamente en la realidad.El escritor imagina pero tratando de reflejar la realidad. Muchas de las grandes obras de nuestra literatura pertenecen a estre grupo: el Lazarillo de Tormes, la Celestina, el Quijote, las novelas de Galdós o los relatos de Leopoldo Alas Clarín (como iréis descubriendo en los próximox cursos). Pero también muchas novelas juveniles siguen esta tendencia (¿se os ocurre alguna ¡seguro que sí! ... El medallón perdido, sin ir más lejos). 
  • Obras fantásticas: son aquellas que presentan cosas, personajes o sucesos irracionales, ilógicos, sobrenaturales o fantásticos que no existen o no ocurren en la realidad, sino que surgen de la imaginación del escritor. Muchos de los cuentos infantiles (con sus hadas, sus brujas, sus duendes, sus animales que hablan, sus hechizos o encantamientos, sus objetos mágicos) pertenecen a esta tendencia. Pero también las Leyendas de Bécquer, las mayoría de las narraciones de terror o misterio, los relatos de Edgar Allan Poe,  los libros protagonizados por mostruos (como Drákula, Frankenstein o el Doctor Jeckyll y Mister Hyde) o famosísimas sagas literarias que luego se adaptaron al cine como El señor de los anillos o Harry Potter. O el Cuento de Navidad de Charles Dickens, que será vuestra próxima lectura.
  Y si bien podemos decir que en toda obra literaria hay algo de ficción (porque aunque se base en la realidad, para emocionar, conmover, sorprender, divertir... siempre es necesario añadir algo de imaginación, aunque sea en los detalles), en todas también hay algo de realidad. Y es que en la literatura fantástica, a pesar de su imaginación  y lo alejada que parece de nuestra realidad, encontramos también ingredientes fundamentales de nuestras vidas, nuestras preocupaciones, nuestros deseos... nuestra realidad: el amor, la amistad, la emoción de lo inesperado, el sufrimiento por las injusticias, el choque entre lo que está bien y lo que está mal, la libertad o su falta, la búsqueda de la felicidad... Pensad por ejemplo en las fábulas, esas historias tantas veces protagonizadas por animales parlantes (¿puede haber algo más irreal?), pero que siempre encierran una moraleja o enseñanza para nuestro día a día.
Por eso la literatura es mágica: porque es una forma de mentira que esconde siempre algo de verdad, como expresó maravillosamente Ángel González en este poema que por algo tengo siempre en este blog, ahí, a la derecha:
"Al lector se le llenaron de pronto los ojos de lágrimas,
y una voz cariñosa le susurró al oído:
-¿Por qué lloras, si todo
en ese libro es mentira?
Y él le respondió:
-Lo sé;
pero lo que siento es verdad."

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