Lo nuestro es, ahora, puro teatro


El teatro o género dramático engloba a aquellas obras que cuentan una historia, pero a diferencia de la narrativa, no mediante un narrador, sino directamente a través de lo que los personajes hacen y dicen.

El teatro  es un género literario muy especial, porque a diferencia de los otros dos (narrativa y lírica) no se escribe para ser leído, sino que generalmente son obras destinadas a su representación sobre el escenario. Por tanto, el texto teatral forma parte de algo más amplio, el espectáculo teatral, que es la puesta en escena de la obra por un grupo de personas (el autor teatral, el director, los actores, los decoradores, iluminadores, encargados de efectos de sonido, etc.) y en la que además interviene la escenografía, es decir, todos los elementos visuales (luces, gestos, decorados...) y sonoros (música, efectos sonoros...) que intervienen en la representación.


En cuanto a su estructura, si las novelas suelen aparecer divididas en capítulos, las obras teatrales se dividen en actos. Generalmente hay entre tres o cinco actos, y suelen corresponder con los tres grandes momentos en el desarrollo de una historia (planteamiento, nudo y desenlace). Cada acto suele dividirse en escenas, y se produce un cambio de escena cuando entra o sale un personaje del escenario.

Como consecuencia de todo esto, en la obra teatral encontramos varios tipos de texto:
  • El más abundatne e importante, los diálogos entre los personajes, mediante los que se desarrolla la acción.
  • Monólogos: un personaje aparece hablando solo, sin interlocutores. Se trata de una convención que permite conocer sus pensamientos y sentimientos más íntimos, que no revela a otros personajes.
  • Acotaciones: son las indicaciones que deja el autor acerca de la escenografía (decorados, luces, efectos sonoros, interpretación de los actores...)

El teatro es un género que ha ido cambiando mucho  a lo largo de la historia, para adaptarse a las posibilidades técnicas de cada momento y a los gustos del público, pero ya en sus orígenes (la antigua Grecia, en el siglo V a.C.) se fijaron dos grandes subgéneros prácticamente opuestos: la tragedia y la comedia:
  • La tragedia es una obra que pretende conmover al público mostrando la imposibilidad de luchar contra el propio destino. Sus protagonistas son personajes elevados (dioses, nobles, héroes) que han de enfrentarse a algún conflicto en el que intervienen las grandes pasiones humanas (el amor, el honor, la ambición), que les viene dado por el destino o fuerzas sobrenaturales,  y que les llevará a un final desgraciado. Los personajes emplean un estilo elevado, o sea, culto.
  • La comedia pretende hacer reír al público. Por ello, presenta a personajes bajos con algún tipo de defecto (la cobardía, la vanidad, la mentira, la avaricia...) del que surgirá el conflicto, en el que suele intervernir siempre el enredo y las situaciones cómicas y disparatadas. El final es siempre feliz y el lenguaje coloquial , haciendo incluso chistes y juegos de palabras,  y apareciendo en boca de personajes poco cultos vulgarismos, tacos o confusiones idiomáticas.
Cuando nacen ambos géneros, en la Grecia clásica, estaban tajantemente separados (solo había tragedia pura y comedia pura; no se mezclaban cosas de ambas). Con el paso de los siglos, surgirá la tragicomedia o drama, obra con momentos serios pero en la que pueden mezclarse situaciones cómicas, personajes heroicos y cotidianos, y estilo elevado y coloquial, y que aunque trate un asunto elevado (como el amor, el honor, o el deber) puede tener final feliz.


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