Mester de Juglaría, Cantares de gesta... y el Cid




Durante la plena Edad Media (es decir, durante los siglos XII y XIII), la vida en la Península estaba marcada por la Reconquista. La nobleza estaba plenamente ocupada luchando frente a los musulmanes para ir recuperando territorios que anexionar a los incipientes reinos cristianos; la Iglesia, educando al pueblo en la fe y el logro de la salvación, y escribiendo y copiando aquellas obras que les ayudaran a ello. Mientras, el pueblo llano se dedicaba básicamente a las tareas del campo, viviendo aislados en pequeños núcleos rurales. 



El único oasis de entretenimiento, comunicación y diversión eran los juglares, unos músicos-actores-recitadores-acróbatas-humoristas ambulantes que llevaban todo un reperterio de noticias y diversión a las vidas -nada fáciles, sin duda- de los hombres medievales. La mayoría, aunque no todos, no sabían leer ni escribir, así que llevaban todo ese repertorio en la memoria (con su fragilidad y sus imprecisiones), y lo hacían crecer con la imitación de otros juglares y con la improvisación.

Parte importantísima de este repertorio eran los Cantares de Gesta, peculiar subgénero narrativo englobado dentro de la poesía épica. Surgieron en Castillla, y narraban las hazañas de los héroes castellanos en la Reconquista. Nadie los ponía por escrito (¿para qué? el público no sabía leer, los veía representados por juglares que eran también analfabetos), así que la inmensa mayoría se han perdido. Solo conservamos uno incompleto (le faltan unas cuantas páginas de principio): el que recoge la historia de un personaje real que vivió en el siglo XI y que se convirtió en una leyenda cuyo eco sigue resonando en la actualidad, la de Rodrígo Díaz de Vivar, caballero extraordinario en el campo de batalla, simbolo del orgullo castellano, ya que fue vasallo del rey Sancho II de Castilla y cuando tuvo que pasar a servir al rey leonés Alfonso VI (hermano del monarca castellano muerto en "extrañas circunstancias"durante un episodio que forma parte también de la leyenda) no se plegó a lo que él consideraba injusto y se ganó el destierro. Lo peor que podía ocurrirle a un caballero, porque le relegaba a la condición de delincuente sin patria ni derechosñ Pero él, con su fuerza y habilidad con las armas, lograría recobrar honor y fama, y así, convertirse en mito. Es el Cantar de Mio Cid. Uno de los grandes clásicos de nuestra literatura, al que intentaremos acercarnos para comenzar esta segunda evaluación.

De momento, aquí tenéis la presentación sobre todo esto que utilizamos en clase:



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