Lengua oral y lengua escrita


Aunque ambas forman parte de la comunicación verbal, oralidad y escritura constituyen dos formas de comunicación distintas, que responden a necesidades distintas y se dan en circunstancias también diferentes. Su funcionamiento, su uso y sus características son (y deben ser) diferentes: por eso es un error aquello de "escribir como se habla".

La lengua oral es la manifestación primera y más natural del lenguaje humano, y de hecho, a no ser en el caso de alguna discapacidad, se aprende simplemente conviviendo en una comunidad de hablantes. La escritura es un código sustitutivo que refleja mediante grafías los sonidos de la lengua oral, representación que es siempre imperfecta en el sentido de que nunca va a poder reflejar todo lo que implica la lengua oral (aunque, como veremos, tieen otras ventajas).


 La escritura nació cuando surgió la necesidad de hacer perdurar determinada información, fundamentalmente contabilidad y leyes. Las primeras manifestaciones que conocemos se dieron en el tercer milenio antes de Cristo en la civilización Mesopotápica: era la escritura cuneiforme del Código de Hammurabi, rey babilónico al que debemos también la ley más antigua conocida. Poco después llegarían los jeroglíficos egipcios, y luego, los alfabetos fenicio, griego y latino, del que surge el que utilizamos en la mayor parte de la civilización occidental actualmente.

Existen muchas posibilidades de representación, desde los ideogramas (sistemas de escritura en los que cada grafía o dibujito representa una idea, lo que hace que haya que memorizar miles de símbolos para poder escribir; así es la escritura tradicional china y japonesa), a los sistemas silábicos (cada grafía representa una sílaba) o fonológicos (cada grafía representa un sonido), como el nuestro.

 Y a lo largo de la historia han existido distintos soportes y formas de fijar las grafías: en Mesopotamia eran tablillas de arcilla en las que se impresionaban las grafías con una cuña, pintura o grabados en paredes, escritura en papiros, en pergaminos, y, a partir de la Edad Media, el papel, invento maravilloso que importamos, como tantos otros, de Oriente. En el siglo XV apareció el siguiente hito, la aparición de la imprenta, que permitió aumentar fácil y poco costosamente la producción de obras escritas (hasta entonces no había más remedio que copiarlas a mano, una por una) y actualmente vivimos otra gran revolución con el soporte digital.

La escritura es hoy por hoy casi una forma de comunicación específica que ha llegado a influir también en la lengua oral y que tiene tanta (o incluiso  más) importancia que aquella. Sin escritura, el mundo no podría ser ni remotamente parecido a como es hoy. Y si la oralidad tiene la ventaja de poder ser acompañada de tonos y gestos, y de que emisor y receptor estén cara a cara y puedan interacturar, la escritura permite pensar, planificar, corregir, y, sobre todo ,salvar barreras espaciale sy temporales. A las palabras se las lleva el tiempo, pero le cuesta un poco más llevarse lo escrito.

Y del mismo modo, hablar y escribir son habilidades difernetes, y hay personas con más facilidad para uno u otra (yo, por ejemplo, escribo muchísiimo mejor que hablo, y pienso mucho mejor si me pongo a escribir, como si la escritura tirara del pensamiento... Todo lo contrario de cuando hablo,  que suelo trabarme, perder el hilo y olvidarme de lo que relalmetne quería decir)

En fin, ya veis que una diferencia de canal (que es en el fondo lo que diferencia a la lengua oral de la lengua escrita) implica grandes diferencias y distintas posibilidades, que tenéis aquí esquematizadas, junto a los principales tipos de textos tanto orales como escritos.





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