Romancero y lírica tradicional: poemas, poemas, poemas.

Nada para conocer bien una corriente literaria como leer sus textos... Así que aquí tenéis algunos de los más célebres versos que nos dejaron el Romancero Viejo y la Lírica Tradicional:

En primer lugar, aquí os dejo una selección de villancicos, es decir, las canciones cotidianas que cantaban los castellanos del siglo XV: teneis de todo: canciones de amor, albas, mayas, ecos de una malmaridada (aunque en realidad fuera escrita por el poeta Gil Vicente imitando el estilo de la lírica tradicional), algunos ecos de canciones de cosecha... Todas con su estribillo, como era característico de las canciones populares de entonces... y de casi todas las que vinieron después hasta nuestros días.

Y os dejo también unos cuantos romances imprescindibles, que siguen conectando con la sensibilidad de lectores actuales, por su simbolismo,  y por su capacidad de sugerir y de espolear a la imaginación para que eche a volar. De muchos tenéis además alguna versión musical:

  • El Romance del Conde Olinos, del que tenemos multitud de variantes (como es frecuente y lógico cuando las obras se transmiten boca a boca y cuando se conservan en algo tan frágil y travieso como la memoria). Aquí os dejo la que tiene final más o menos feliz (que circuló también con el Conde Olinos convertido en Conde Niño bajo el acertado título de "Romance del amor más poderoso que la muerte"), pero hay otras en las que el romance termina con la muerte de los amantes... y punto. Seguro que reconocéis algunos elementos de cuentos infantiles y de otras leyendas que circulan por ahí...
  • El Romance de Doña Alda, un romance literario que toma su argumento de la épica francesa surgida alrededor de la figura de Rolán, el caballero de Carlomagno que pereció en Roncesvalles al intentar llegar a la Península para conquistarla (y al que se le dedicó un poema épico en francés titulado "Roncesvalles"). Doña Alda era su esposa, que se quedó esperándole en París y que segun la leyenda tuvo algún sueño premonitorio que la avisaría de la muerte de su esposo antes de que llegaran las fatales noticias (las comunicaciones en aquella época podían hacer que alguien tardara días o semanas en conocer incluso noticias tan graves como aquella).
  • El Romance del Enamorado y la Muerte, uno de los más populares (y para mí, de los más bonitos), que cuenta una trágica historia de amor: un joven enamorado, al que la Muerte personificada (ya veis cuantísimo le gustaba a los medievales esto de personificar a la muerte) viene a buscar dándole solo un plazo de una hora que él invertirá, por supuesto, en intentar ver a su amada por última vez...
  • El Romance del Prisionero, también famosísimo, en el que el protagonista, más allá de la tenue historia concreta que se sugiere en el poema, se convierte en símbolo de todo aquel que sabe que a su alrededor hay alegría, amor y felicidad, pero que él, por cualquier motivo, se ve condenado a la soledad absoluta de no poder disfrutar de ello. Un tema que, por desgracia, nunca ha dejado de tener vigencia.
  • El Romance de la Jura de Santa Gadea, romance literario (concretamente basado en la figura del Cid, gran protagonista de la épica castellana) que recoge un momento que se cree que históricamente no sucedió, que no sabemos si el Cantar lo recogía (os recuerdo que nos falta el principio del manuscrito del cantar de gesta) pero que circuló abundantemente durante toda la Edad Media: el momento en que Rodrígo Díaz de Vivar obliga a su rey, Alfonso VI, a jurar, delante de toda la corte, que no había tenido nada que ver con la muerte de su hermano, el rey de Castilla Sancho II y antiguo señor del Cid. Fijaos que poco queda ya del héroe "mesurado" y respetuoso, incluso en la injusticia, del siglo XII: el Cid aparece ahora como un rebelde arrogante que niega al rey obediencia y respeto. ¡Algo impensable en el Cantar! Pero es que más de tres siglos habían cambiado mucho lo que el pueblo esperaba de sus héroes.
  • El Romance del Infante Arnaldos, basado también ( pero en este caso más remotamente), en la figura de Rolán (fijaos lo que la tradición oral hizo con el nombre de Rolán: lo encontramos como Roland, Ronald, Ronaldo, Orlando, Arnal o Arnaldos, como aquí), aunque contando una anécdota novelesca (es decir, inventada): el encuentro del caballero con un barco y un marinero misteriosos y sobrenaturales. Nunca el fragmentarismo (nos deja sin saber el final) resultó tan poético y abrió tantas posibilidades de interpretación de un romance...
  • Y por último, el Romance de Abenámar y el rey Don Juan, un romance histórico, concretamente  fronterizo, que le echa imaginación y poesía a lo que ocurría en la frontera del reino de Granada, asediado por cristianos pero resistiendo como último rincón de lo que un día fuera el fastuoso rerino de Al-Ándalus. Granada aparece personificada como la amada soñada a la que el rey castellano pretende... pero ella, de momento, se declara fiel a su dueño musulmán. Y uno de los comienzos más conocidos de toda la literatura española (ya sabéis, como el !En un lugar de la Mancha", el "Con diez cañones por banda viento en popa a toda vela" o el "Volverán las oscuras golondrinas...")

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