El Mester de Clerecía, Berceo y sus "Milagros"



Será entre el clero donde encontremos el primer poeta de la historia de la Literatura Española de nombre conocido,Gonzalo de Berceo, porque al crear sus obras por escrito, a diferencia de los juglares, ya podían hacerlo individualmente y, sobre todo, firmarlas.

Sus obras respondían a sus intereses como miembros de la iglesia: adoctrinar al pueblo en la fe y la liturgia necesarias para alcanzar la salvación allá, en la vida eterna. Y lo hacían empleando los recursos que con tanto éxito veían utilizar a los juglares: narraciones en verso de historias más o menos entretenidas para la época(aunque sí, es cierto que bastante alejadas de nuestros gustos e intereses actuales), apelaciones al auditorio y un lenguaje que, aunque era culto, estaba salpicado de expresiones coloquiales, familiares o alusiones a la vida campensina que acercaran esas historias (y sobre todo, su enseñanza) al público que escuchaba como se las leían (el pueblo era, os recuerdo, analfabeto) seguramente en romerías o actos litúrgicos.


Estos clérigos solían estar vinculados a monasterios, verdaderos centros de la vida social y económica, a los que habia que atraer fieles, donativos y limosnas ensalzando los milagros y méritos del santo al que estaban dedicados, Y a esto contribuyen muchas de las obras de estos clérigos, que son hagiografías (es decir, vidas de santos) o las colecciones de Milagros de la Virgen, muy comunes en latín para que los clérigos buscaran allí anécdotas para sus sermones, pero que Berceo compuso en castellano para que fueran leídos directamente a los fieles, alentando su devoción por la figura de María.

Buscaron también sus temas en las fuentes escritas a las que ellos, como minoría culta, tenían acceso, y así contaron historias clásicas (la de Alejandro Magno, en el Libro de Alexandre, y la de Apolonio, rey de Tyro, en el Libro de Apolonio, ambas anónimas y ambas adaptadas con anacronismos a la metalidad y la intención cristiana medieval) y hasta las hazañas épicas de uno de los condes fundadores del reino de Castilla en el Poema de Fernán Gonzalez.

Su estandarte, su orgullo, su seña de identidad, su marca diferenciadora será una estrofa, la cuaderna vía, que frente a la tirada épica de los juglares se caracterizaba por su regularidad exacta (sílabas contadas: 14 sílabas cada verso, ni más ni menos, distribuidas en dos hemistiquios de 7; curso rimado, o sea, rima consonante perfecta, se repiten vocales y consonantes, lo cual exige mas maestría que la asonancia de los anónimos juglares; y cuatro versos en todas las estrofas).

Las obras de los clérigos conocieron su apogeo durante todo el siglo XIII (surgen más tarde que los juglares, seguramente animados por su éxito para escribir en lengua romance, de mucho menos prestigio en aquella época que el latín), y durante el XIV veremos como las supuestas obras adscritas a esta corriente ya empiezan a mostrar disonancias y diferencias. Pero eso será más adelante. Ahora os dejo la presentación sobre todo esto:

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