"El camino", o el eco agridulce de la nostalgia


Las cosas podían haber sucedido de cualquier otra manera y, sin embargo, sucedieron así. Daniel, el Mochuelo, desde el fondo de sus once años, lamentaba el curso de los acontecimientos, aunque lo acatara como una realidad inevitable y fatal. Después de todo, que su padre aspirara a hacer de él algo más que un quesero era un hecho que honraba a su padre. Pero por lo que a él afectaba…

Así comienza esta novela que muchos consideran entre las mejores del siglo XX en España, y que , en 1950, salió  de la pluma de uno de los grandes de la narrativa de posguerra (con la que empezaremos en nada): el vallisoletano Miguel Delibes, fallecido hace poco más de un año, escritor imprescindible, cronista único de la vida cotidiana de personajes que no son héroes lejanos a los que admirar, sino seres cercanos y humanos por los que él logra que sintamos algo muy parecido al cariño.

De hecho, esta es una novela que, desde que se escribió, muchos lectores descubrimos con más o menos la edad del protagonista, y que hemos releído muchas veces después, viendo cómo cambiaba nuestra perspectiva sobre ella y lo que ella nos decía.

La historia no puede ser más sencilla: Daniel el Mochuelo, un chiquillo de once años, ha de dejar el pueblo en el que vive para irse a estudiar Bachillerato a la ciudad, que es lo que su padre quiere para él y por lo que tanto se ha esforzado con trabajo y ahorro, y la noche antes de partir, en un largo flash-back al que le obliga el insomnio, evoca los momentos y personajes para él más importantes de su vida en el pueblo, ese pueblo al que ama y al que pertenece y en el que ha vivido alegrías y tristezas (pero del que no sabemos el nombre... ¿por qué creéis que Delibes ha preferido no decirnos o no ponerle nombre al pueblo?), para seguir un camino que él siente que no es el suyo, sino el que para él quiere su padre.

Y en esa noche de recuerdos, descubrimos la vida del pueblo, como la de casi todos esos pueblos en que todos viven con todos, y se conocen, y conocen la vida de todos, y cada uno tiene su papel y su importancia, llena de personajes curiosos, y de motes,  y de costumbres peculiares, y de anécdotas divertidas, tristes, tiernas o entrañables.

Y así, descubrimos mucho de cómo era la vida en un pueblo indeterminado pocos años después de la Guerra Civil: sus cotilleos, su religiosidad, su picardía, sus costumbres, sus peculiaridades. Una vida en muchas cosas muy distinta de la vida que se hace hoy en día en los pueblos (¿quién es capaz de señalarme una o varias de esas diferencias?), pero en otras cosas muy parecida (¿alguien podría señalarme alguna o varias de estas cosas que se reflejan en el libro, y que siguen dándose en cierta medida en la actualidad?).

Estamos, por tanto, ante una obra realista, que trata temas cotidianos, no extraordinarios, en la que no hay elementos fantásticos, irreales o maravillosos y que refleja una realidad concreta y reconocible.

Pero estamos también ante lo que se conoce como una novela de aprendizaje: lo que va sucediendo, va enseñando a Daniel, el Mochuelo, grandes y pequeños misterios y verdades de la vida, y , al mismo tiempo, va influyendo en él, cambiando su actitud, su forma de ver las cosas, su personalidad. Daniel descubre, por ejemplo, la presión de lo que los demás piensan de uno (fijaos, por ejemplo, en su actitud frente al llanto por influencia del Moñigo), el peso de lo que los padres esperan de uno, al amistad, el amor, la admiración, el rencor, la ternura, los celos, la pena y, sobre todo, la nostalgia, con la que se encuentra prematuramente por las circunstancias de su vida: ese nudo agridulce en la garganta al contemplar "la senda que nunca se ha de volver a pisar" (¿quién puede decirme de a qué poeta debemos esta expresión tan certera y en qué poema?). Y también prematuramente descubre el abismo inevitable y muchas veces, inesperado y traidor, de la muerte. 
Él pensaba que Roque, el Moñigo, y Germán, el Tiñoso, se sentirían muy solos cuando él se fuera a la ciudad a progresar, y ahora resultaba que el que se sentía solo, espantosamente solo, era el, y solamente el. Algo se marchitó de repente muy dentro de su ser: quizá la fe en la perennidad de la infancia. Advirtió que todos acabarían muriendo, los viejos y los niños. Él nunca se paró a pensarlo y al hacerlo ahora, una sensación punzante y angustiosa casi le asfixiaba. Vivir de esa manera era algo brillante, y a la vez, terriblemente tétrico y desolado. Vivir era ir muriendo día a día, poquito a poco, inexorablemente. A la larga, todos acabarían muriendo: él, y don José, y su padre, el quesero, y su madre, y las Guindillas, y Quino, y las cinco Lepóridas, y Antonio, el Buche, y la Mica, y la Mariuca-uca y don Antonino, el marqués, y hasta Paco, el herrero. Todos eran efímeros y transitorios y a la vuelta de cien años no quedaría rastro de ellos sobre las piedras del pueblo. Como ahora no quedaba rastro de los que les habían precedido en una centena de años. Y la mutilación se produciría de una manera lenta e imperceptible. Llegarían a desaparecer del mundo todos, absolutamente todos los que ahora poblaban su costra y el mundo no advertiría el cambio. La muerte era lacónica, misteriosa y terrible.[...]
Además, fijaos en lo maravillosamente bien que escribe Delibes, que siempre tiene la palabra precisa y adecuada, haciendo que no sobre ni falte ninguna, y que con un solo adjetivo, por ejemplo, es capaz de captar "el alma" de una situación, una imagen, un pensamiento, un personaje o un momento, y al mismo tiempo, plasmar la espontaneidad y la viveza de la lengua coloquial en los diálogos entre los personajes. A mí siempre me ha parecido una delicia leerle.

Aquí os dejo una propuesta de lectura, con orientaciones sobre Miguel Delibes, sobre el mundo real que refleja (la vida en los pequeños pueblos de la España de la posguerra), preguntas de comprensión tipo test , y algunas para después de leer.

Aquí tenéis también un test sobre la obra.

Además, yo os propongo otras dos actividades.

  1. Para la primera, tenéis que usar la imaginación. ¿Qué crees que ocurrió después de lo que cuenta el final del libro con los personajes principales? ¿Y con otros personajes de la obra (los que tú quieras)? ¡Cuéntanoslo!
  2. Para la segunda, tenéis que poneros un poco en la piel de un editor. El camino ha sido editada muchas veces, con distintas portadas:
    • Aquí os dejo unas cuantas, para que intentéis explicarme qué relación tiene cada una con el contenido del libro, y qué os parece cada una (una opinión libre, pero argumentada).
    • Además, podéis explicarme qué relación tiene el dibujo que encabeza este post con el contenido de la novela. ( teniendo en cuenta todos los elementos que aparecen en él)
    • Y por último, decidme cuál de las portadas os parece la mejor y por qué (y en este punto podéis tener en cuenta tanto lo que representa y su relación con el libro, como criterios estéticos: el dibujo, los colores, el tipo de letra, etc.). O bien proponed otra imagen posible que busquéis, pero explicando también por qué elegís esa imagen.
Las respuestas a estas actividades y a las preguntas que salpican este post (en cursiva y en negrita), a mi correo, si os apetece y/o queréis una notita extra.

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